Orden Claretiana

Un carisma compartido y misionero.

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Una misión evangelizadora vivida en común.

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Un ámbito espiritual de pertenencia en la Iglesia

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Toda una familia eclesial en torno a un Padre:

Claret

El 16 de julio de 1849, San Antonio María Claret fundó la Congregación de Misioneros del Inmaculado Corazón de María en una humilde celda del Seminario de Vic, Barcelona. Cinco sacerdotes le acompañaron y se asombraron al escuchar: Hoy comenzamos una grande obra. Algunos de ellos pudieron constatar la veracidad de estas palabras.

Como toda obra de Dios, inició su camino con dificultades. San Antonio María Claret fue nombrado arzobispo de Cuba antes de cumplirse el mes de la fundación del Instituto. Con el padre José Xifré, segundo Superior general de la Congregación, comienza una etapa de crecimiento.

Después de unos meses de doloroso discernimiento, Mª Antonia Paris decide dejar la Compañía de María. Claret ya ha partido para Cuba y desde allí le invita a iniciar la Orden Nueva. El 22 de febrero de 1852, la Madre París abandona su tierra natal rumbo a Cuba con otras jóvenes que han decidido unirse a la aventura de cruzar el Atlántico para responder a las necesidades de este nuevo mundo. La visión misionera de Claret unida al deseo de la Madre Antonia (y de Claret) de vivir el Evangelio con toda radicalidad, convergen en una nueva forma de vida religiosa en la Iglesia.

Ambos fundadores ven la necesidad de renovación a todos los niveles de la Iglesia y comienzan a diseñar un plan “para restaurar la belleza de la Iglesia.” Un puntal de la obra de renovación es la nueva orden cuyo fin es “trabajar con toda diligencia en cumplir hasta un ápice los consejos evangélicos y trabajar hasta morir en enseñar a toda criatura el Evangelio.” Tan convencida está la Madre París de la necesidad de un movimiento de renovación, que envía a el Papa Pío IX sus apuntes sobre el Plan de Reforma de la Iglesia. Antonia, adelantándose a sus tiempos cree que la renovación tiene que estar enraizada en una vida de sencillez, alegría, vida en comunión y proclamación del Evangelio. Cien años después, el Concilio Vaticano II hablará de forma similar sobre la renovación de la Iglesia.

El 25 de agosto de 1855, nace oficialmente la nueva orden en Santiago de Cuba, como la primera orden fundada en suelo cubano, su nombre: Religiosas de María Inmaculada Misioneras Claretianas. Su primera tarea es dedicarse a la educación de la niñez, aceptando en sus aulas niñas de toda raza y condición, con una preferencia por las más pobres. Pronto, nuevas casas se abren en España y otras partes de Cuba. La Orden ha seguido creciendo hasta nuestros días. Las ansias misioneras de ambos fundadores toparon con la mentalidad de los tiempos que prácticamente limitaba la acción evangelizadora de las mujeres al campo de la educación. A medida que la sociedad y la Iglesia han ido ampliando el horizonte para la mujer, los sueños de ambos fundadores se han ido haciendo realidad.

La Revolución de 1868 expulsó a todos los misioneros de España; desde el destierro francés se inició la expansión. Chile fue la primera nación hispana que recibió a los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Desde entonces, todas las naciones de América han escuchado la Buena Noticia.

Posteriormente, la Congregación se extendió a otros continentes. Una mención especial merece la evangelización de Guinea Ecuatorial. Cuando llegaron los Misioneros del Corazón de María en 1883, Guinea era una nación pagana; al conseguir la independencia, en 1968, el 99% de los guineanos eran católicos. Muchos claretianos entregaron su vida en plena juventud en tierras de misión.

La Congregación en estos 150 años ha sufrido el martirio de diversas maneras. El padre Claret fue muy perseguido en su vida misionera: primero en Cataluña y luego en Cuba, donde intentaron asesinarlo. Desde su llegada a Madrid en 1857 fue objeto de una persecución implacable. Murió en tierra extranjera cobijado por el cariño de los cistercienses de Fontfroi, Francia. También fueron mártires, entre otros, el padre Francisco Crusats, el padre Andrés Solá, los 271 misioneros muertos en nombre de Cristo en 1936, los 51 de Barbastro (beatificados por Juan Pablo II en 1992). La Congregación ha sufrido la persecución a otros niveles en Hispanoamérica, África y Asia.

Los misioneros claretianos son actualmente unos 3.000, y ejercen su apostolado en 56 naciones de los cinco continentes. Las vocaciones son especialmente numerosas en Polonia, Asia, África y Oceanía. Merece especial mención la nueva misión de Rusia.

El Papa Juan Pablo II ha enviado a la congregación un mensaje firmado el 12 de junio de 1999 en Varsovia. En él subraya lo que ha sido la raíz más honda de la Congregación de Misioneros del Inmaculado Corazón de María durante estos 150 años.

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