Inicio Arriba San A. Mª. Claret Antonia Paris

 

MARIA ANTONIA PARIS - SAN ANTONIO MARIA CLARET, fundadores de la Orden Claretiana.

MARÍA ANTONIA PARIS

** SU VIDA **

 

LLAMADA DE DIOS

María Antonia París nació el 28 de Junio de 1813 en un pueblo de España llamado Valmoll, localizado cerca de la costa nordeste del mediterráneo. Allí se había refugiado su madre huyendo del ataque de las tropas napoleónicas (francesas). 

Su padre era agricultor y muere 3 meses antes que ella naciera. Su madre procuró ofrecer a sus dos hijas (Teresa y Antonia) una buena educación en un ambiente familiar cristiano.

A bastante temprana edad, Antonia se siente atraída a la oración. Cuando tiene 13 ó 14 años, queda impresionada por una misión que predican los Padres Franciscanos y desde entonces siente el deseo de dedicar su vida a Dios.

En generosa apertura al plan de Dios para ella, María Antonia siente que Dios la llama a consagrar toda su vida a su servicio. El 23 de Octubre de 1841, entra como Postulante a la Compañía de María, una comunidad dedicada a la oración y la educación. Durante este tiempo la Iglesia de España sufre grandes persecuciones por parte de los gobiernos, que entre otras cosas, han prohibido a las órdenes religiosas admitir novicias. Esta es la razón por la cual, Antonia tendrá que permanecer como Postulante por 9 años. Finalmente el 21 de abril de 1850, recibe un permiso especial para iniciar el Noviciado. Pero Dios tiene otros planes para ella.

FUNDADORA DE UNA NUEVA ORDEN

Desde 1842, mientras Antonia aún era Postulante, el Señor comenzó a mostrarle unos horizontes totalmente nuevos. Ella había rogado constantemente a Dios por la situación de persecución que sufría la Iglesia de España en aquel momento. El Señor le sorprende dándole a comprender que la causa última de estos problemas no reside en los gobiernos, sino en la falta de fidelidad al Evangelio por parte de la Iglesia. Dios quería que la Iglesia y la órdenes religiosas regresaran a la vida evangélica de los Apóstoles. Si los gobiernos se oponían a la Iglesia, era porque deseaban el poder y las posesiones que la Iglesia había acumulado a lo largo de los siglos.

Después de esta revelación y con el deseo de vivir el Evangelio hasta las últimas consecuencias, le pregunta al Señor: "¿Cómo será esto? " El Señor le responde: "Una Orden nueva quiero, pero no nueva en la doctrina, sino en la práctica." Ante semejante empresa, Antonia siente su pequeñez, pero el Señor le guía hacia la persona que le dará la mano: Antonio Maria Claret, un sacerdote misionero bien conocido en el norte de España.

Recientemente ha fundado una congregación de misioneros con una finalidad similar: Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, más conocidos hoy como Claretianos.

Después de unos meses de doloroso discernimiento, Antonia decide dejar la Compañía de María. Claret ha partido para Cuba, nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba y desde allí le invita a iniciar la Orden Nueva. El 22 de febrero de 1852, la Madre París abandona su tierra natal rumbo a Cuba con otras jóvenes que han decidido unirse a la aventura de cruzar el Atlántico para responder a las necesidades de este nuevo mundo. La visión misionera de Claret unida al deseo de la Madre Antonia (y de Claret) de vivir el Evangelio con toda radicalidad, convergen en una nueva forma de vida religiosa en la Iglesia.

UNA ORDEN NUEVA

Ambos fundadores ven la necesidad de renovación a todos los niveles de la Iglesia y comienzan a diseñar un plan "para restaurar la belleza de la Iglesia." Un puntal de la obra de renovación es la nueva orden cuyo fin es "trabajar con toda diligencia en cumplir hasta un ápice los consejos evangélicos y trabajar hasta morir en enseñar a toda criatura el Evangelio." Tan convencida está la Madre París de la necesidad de un movimiento de renovación, que envía a el Papa Pío IX sus apuntes sobre el Plan de Reforma de la Iglesia. Antonia, adelantándose a sus tiempos cree que la renovación tiene que estar enraizada en una vida de sencillez, alegría, vida en comunión y proclamación del Evangelio. Cien años después, el Concilio Vaticano II hablará de forma similar sobre la renovación de la Iglesia.

El 25 de agosto de 1855, nace oficialmente la nueva orden en Santiago de Cuba, como la primera orden fundada en suelo cubano, su nombre: Religiosas de María Inmaculada Misioneras Claretianas. Su primera tarea es dedicarse a la educación de la niñez, aceptando en sus aulas niñas de toda raza y condición, con una preferencia por las más pobres. Pronto, nuevas casas se abren en España y otras partes de Cuba. La Orden ha seguido creciendo hasta nuestros días. Las ansias misioneras de ambos fundadores toparon con la mentalidad de los tiempos que prácticamente limitaba la acción evangelizadora de las mujeres al campo de la educación. A medida que la sociedad y la Iglesia han ido ampliando el horizonte para la mujer, los sueños de ambos fundadores se han ido haciendo realidad.

Antonia pasó los últimos días de su vida en España, manteniendo vivo el espíritu original de pobreza y comunión fraterna en la nueva orden. Murió el 17 de enero de 1885. La Iglesia proclamó sus virtudes heroicas el 23 de diciembre de 1993. Sus restos se encuentran en la cripta de la casa en Reus, España, donde ella murió.